Amanéceme, si puedes


Supongamos que hay un reloj dentro de cada segundo.

Que en el sol, se ocultan multitud de lunas rosas.

Que los días se esconden detrás de las lilas azules o,

que es de noche,

y el amanecer llega con zapatos de charol rojo,

las manos llenas de estrellas

y una trenza en el pelo.

Supongamos, que no pudiésemos suponer,

ni abrir una ventana al mar o,

que estoy a oscuras y mirándote, me atrevo a decirte:


Amanéceme, si puedes



Traductor




Réquiem roto para Armando


(A mi querido amigo Armando Marín,
que me falta)



Lamento el éxodo ahora incrustado
de tu palabra.

El tiempo ha venido a tejerte
en mi espacio ajeno
con los hilos del silencio,
que  palidece cuando creo escuchar
cada canción que compuso tu sonrisa
con rumor de mar.

Y me siento abandonada de nuevo
en este puerto enfurecido,
donde inquiero tus pedazos para construirme
otro océano de palabras invencibles
y ternuras nuevas,
ya sin ti.

Intento destrozar este adiós injusto,
veraz, impuntual  y desgarrado;
y la falta de tu aliento y de tu mano generosa
que voltea las horas colgadas del silencio
donde crepita la luz de tu memoria.

Amigo. Mi fiel Caballero.
Tu voz queda en mi corazón
que te susurra un Réquiem roto y azulado.

Pero tus ojos los hallaré algún día
esculpiendo sonrisas en rostros inmaduros.
Entonces hablaremos todo lo que nos dejamos,
escribiremos poesías eternas
y me llevarás gallardo,
sin rozarme, de la mano.

Tendremos como siempre
la mirada serena y el corazón abierto.
Y vaciaré tus recuerdos de mis bolsillos
sobre los horizontes gimientes de las estrellas
para que puedas tocarlos.

Y en la constelación  de llanto
que hoy construyo en tu nombre
formaré un nuevo mar,
sin ausencias,
para nosotros.


Rocío Biedma
 Octubre de 2007