Amanéceme, si puedes


Supongamos que hay un reloj dentro de cada segundo.

Que en el sol, se ocultan multitud de lunas rosas.

Que los días se esconden detrás de las lilas azules o,

que es de noche,

y el amanecer llega con zapatos de charol rojo,

las manos llenas de estrellas

y una trenza en el pelo.

Supongamos, que no pudiésemos suponer,

ni abrir una ventana al mar o,

que estoy a oscuras y mirándote, me atrevo a decirte:


Amanéceme, si puedes



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Mujer, preciosa palabra




Mujer,
preciosa palabra


Hoy es el día perfecto para que mi voz escrita sea un quejido alentador a cuantas mujeres viven todavía bajo el manto de silencios, culturas y actitudes equivocadas.
Y a tantas mujeres que hicieron y hacen germinar esa semilla sin límites de ejemplo. Mujeres que nos permiten avanzar con su grandeza, como  mi hija, como mis amigas con discapacidad, como todas aquellas de las que aprendo fuerza, dignidad e independencia.

El espíritu de la mujer se eleva hacia el sol cada mañana igual que un árbol, dilatando sus brazos para abrigar bajo ellos su universo y ciñe con ímpetu sus raíces a la tierra, para asegurarse contra vientos y derrotas y alimenta juiciosamente la sabia que da vida a sus ramas, para que dancen o den sombra si el sol acecha.

Lo dijo Clara Campoamor: “Que el silencio no absuelva las injusticias y que de ellas deduzcamos enseñanzas las mujeres, todo ello por un futuro mejor, más libre e igualitario”.

El mundo será nuevo cada día mientras cada paso recién nacido, crezca y conviva en el respeto sin cicatrices y la credulidad sin divisiones de cada persona, de cada mujer.


Rocío Biedma