Amanéceme, si puedes


Supongamos que hay un reloj dentro de cada segundo.

Que en el sol, se ocultan multitud de lunas rosas.

Que los días se esconden detrás de las lilas azules o,

que es de noche,

y el amanecer llega con zapatos de charol rojo,

las manos llenas de estrellas

y una trenza en el pelo.

Supongamos, que no pudiésemos suponer,

ni abrir una ventana al mar o,

que estoy a oscuras y mirándote, me atrevo a decirte:


Amanéceme, si puedes



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Poesía
o miserias



Tal vez hay una necesidad imperiosa por eludir los problemas cotidianos de una forma trivial, distrayendo la mente con nimiedades. Cada uno elige cómo vivir y lo respeto.

Para mí siempre es tiempo de que la poesía sea un delicioso carruaje para que el despertar constante del yo íntimo y el proceso de vivir, formen un cosmos único donde entrar y acomodarse y acabar sucumbiendo en sus delirios.

Ya nos dijo Schopenhauer:
 “La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren”.

La Poesía es el arte de plasmar instantes a través del sentimiento con la palabra. Y un poeta es un ser que se colma de belleza, se nutre y crece con ella.
Aprender a escuchar con la voz del poeta, ser capaz de emocionarse en cada palabra, en cada imagen escrita, capaz de arrojar luz o tiniebla, de reflejar calor o frío, de hacer piruetas entre verbos asonantes, debería rozarnos la piel de la razón y  llenarnos de sensaciones por encima de  banales y maldicientes noticias sobre la vida íntima de muchas personas.


Rocío Biedma